Biorni, Bioli, Biorsi.

Buenos Aires III

Desperté con una pulsera vip de mod. Pensando en hacer todo keynesianamente para no sentir que desperdicio el tiempo y las oportunidades, rescatando sólo lo positivo de cada acción. No hay lugar más alejado para la inspiración que el que contiene las herramientas para plasmarla. No hay situación más alejada para plasmar algo perpetuamente que el momento de vivir la experiencia a plasmar. 
Puedo reconocer tres únicos miedos con los que estoy conviviendo, dos de los cuales se contradicen.
Miedo al paso del tiempo. Miedo a no cambiar. (Lo que genera un miedo a quedarme para siempre en esa dicotomía) Y miedo a que mi tema más recurrente sea escribir sobre escribir. Escribir, cosa que hago poco, escribir sobre escribir, cosa que hago mucho cuando escribo. Matemática pura.  La mitad de las veces hablo de no escribir más sobre escribir. Como hoy, más o menos. No estoy en un callejón sin salida, sólo no tengo a donde ir.

Buenos Aires II


Si un pollo críado, procesado, supuestamente premium, sin menudos, cuesta alrededor de $50 ¿cuánto vale la vida de un pollo vivo cualquiera?

Ante el próximo embate de motochorros saqueadores del espacio exterior, pienso que podemos armarnos con pollos. No, ni vivos, con los que vengan en bolsita, de ser posible sangrieta pero no rota, de Día% u otro establecimiento de larga cadena de tránsito de la mercadería. Tenerlos a mano, apilados, a todos esos pollos de críadero, juntando olor y sangre. Y al primer paso de una oleada de motos que van a mil, estamparles un pollo. Si no tienen casco, y es muy probable, o bien el impulso los desestabilizará o el olor los mareará.

Día% es un centro de entrenamiento para los días siguientes al Juicio Final. Se salvará quien pueda, nos haremos de los víveres que podamos como podamos, y la cuestión higiénica o bromatológica estará fuera de discusión. Si no es perdidos por perdidos, Día% sólo puede existir en este clima de época, sin preguntas ni cuestionamientos.

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Lo que más le envidio a la gente es la comida que come. La comida casera, basicamente. No sé y no tengo paciencia de cocinarme. No sé comprarme cosas para cocinarme bien. Logro reprimirme las compras impulsivas, bajo la calidad de los productos, pero cada día gasto más llevando menos. Sí, clima de época. Sí, inflación. En un país normal tendría lugar para aprender a comprar. En un país normal podría gastar lo mismo dos días seguidos. El problema igual es mío. No le envidio la comida a la gente porque no sé comprar, sólo porque no sé o no quiero cocinarme. Cambiar el mundo empieza por callarse la boca.

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¿Podríamos vivir sin quejarnos? ¿No añoraríamos los tiempos más entretenidos? ¿Algún día podremos pensar en presente? La inflación es una estadística ligada al pasado. Dos meses seguidos sin (o con mínima) inflación, pidámosle todos a Dios, y comprobemos si nos cambia o no la vida.

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Ahorrar es gastar en vacaciones. Estamos todos locos. Estamos completamente locos

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Salí de Día% pensando cómo gasté $75 comprando cuatro boludeces básicas y obvias, algunas en Precios Cuidados. Se me vino todo a la mente y exclamé “Ay, qué país” en voz alta en una esquina concurrida. Nadie se inmutó.

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Me perjuré no entrar más a Día% varias veces. La última vez ya no. Hay que aclimatarse.

Buenos Aires I

El día que mi sobrina tuvo su Bat Mitzvah quiso merendar un tostado de jamón y queso en un Delicity. Fue la única vez que usé mi pantalón de furioso azul y celeste a rayas en una ocasión que no sea tocar en un escenario. La única vez que lo vestí por las calles despreocupado frente a las miradas prejuiciosas porteñas. Fui al Templo desde terapia, a donde llegué tarde gracias al 68 que no supo cómo salir de Charcas y Bulnes. Güemes estaba cerrada, Santa Fé todavía no era doble mano, y el PRO no había intentado aún ilusionarlos con que la ciudad podía cambiar.

Buenos Aires es un suplicio, pero es tan mío. Nadie le preguntó a Medrano si quería llegar a Santa Fé o no, y esa muerte laberíntica la hace mejor. Nadie se preguntó si una arteria importante debía salir de otra, pero entretiene el viaje.

Los tacheros jamás están de acuerdo con un cambio de mano. El negocio de ellos es que nunca nada cambie, menos aún para bien. Para adoctrinar con sus pulidos speeches desde sus podios móviles necesitan que el tiempo no pase. No hay lugar para incorporar información nueva.

Buenos Aires nunca está cambiando. Se maquilla como las épocas, pero es siempre el mismo demonio tentador y mentiroso que nació viejo. No sé si aún me logra engañar, pero no la juzgo. Ya la conozco tal cual es y darme por ofendido hablaría más de mí que de ella.

En Buenos Aires no es fácil comer kosher. No distingue demasiado entre credos ni clases, y tiende a igualarnos a todos en su propia forma de ser. Debe ser lo mejor que tiene.

A pedido de mi hermana Laura, armé un playlist de fundamentales del Jazz. La mayoría es post bebop, énfasis en Modal y en ese entonces experimental, aunque algunas cosas pre sesentas hay, y también yapa de orquestación con tutti.

Es importante destacar que no descubro nada, que todo esto es música practicamente clásica, mainstream, que fue comercialmente exitosa en la mayoría de los casos, pero es un gran punto de partida para quien quiera meterse en este maravilloso mundo

(Source: Spotify)

lindsaybottos:

some new stuff I’m working on, I get tons of anonymous messages like this every day and while this isn’t unique to women, the content of the messages and the frequency in which I get them are definitely related to my gender. I almost exclusively get them after I post selfies. The authority people feel they have to share their opinion on my appearance is something myself and many other girls online deal with daily. 

An artist is never ahead of his time but most people are far behind theirs.
— Edgar Varese (via thingsandschemes)

(a) summertime (each) day
[13] {Glenn Miller}

(a) summertime (each) day
[12] {Charles Mingus Trío}